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miércoles, 22 de mayo de 2013

Cuento; El barco de papel


Imagen descargada de internet


Aquel día, no era un día cualquiera. Como siempre cantó el gallo anunciando la salida del sol, que se desperezaba tras la montañas. Perico saltó de la cama rápidamente, se vistió y tan pronto terminó de desayunar, subió al desván. Lo tenía todo preparado, durante los últimos meses había estado acumulando el montón de periódicos que ahora se prestaban frente a él. Con gran emoción se dispuso a crear lo que tantas veces había soñado, un barco de papel para cruzar a la otra orilla del océano que rodeaba su pequeño mundo. Un mundo en el que reinaba la paz y los días eran eternos. Campos llenos de flores que se dejaban llevar por la brisa suave en una primavera perpetua. A pesar de esto Perico cada día se sentía más encerrado y privado de libertad. Detestaba tanta tranquilidad.

Después de minutos, horas, días y años de trabajo duro, de esfuerzo... se alzaba frente a él su obra, su inmenso barco de papel. Corrió a la orilla arrastrando tras él su barco y se aventuró a navegar. Al principio del viaje todo estaba en calma, se dejaba mecer suavemente por las olas, la luna llena acompañaba y alumbraba sus solitarias noches. Pero a medida que se adentraba en el inmenso mar todo se iba oscureciendo poco a poco y con la oscuridad llegaba la decepción. Comenzó a sentir un frío que no le dejaba respirar. La luna había quedado atrás, se encontraba sólo y desesperado en medio del inmenso mar... que parecía no tener fin. Comenzó a tiritar, el corazón empezó a latir con tal fuerza que provocó una horrible tempestad. Las olas zarandeaban su barco de papel que se iba deshaciendo al contacto con el agua. Perico aterrorizado lloró por dentro ya que el frío congelaba sus lágrimas. Poco a poco se iba hundiendo...ganas le daban de rendirse, de tirar todo por la borda, total sólo le quedaba esperar lo peor. Cerró fuerte los ojos intentando despertar, con la esperanza de que sólo se tratase de una pesadilla. 

Cuando no le quedaba a penas un trozo de barco al que agarrase, abrió los ojos... un rayo de luz iluminó su rostro pálido y demacrado por el horror de lo vivido y escucho el gallo cantar. Las olas le habían llevado de vuelta a su mundo de paz y tranquilidad. Nunca volvió a ser el mismo, desde ese mismo instante, Perico aprendió a valorar lo que un día quiso dejar atrás. :)