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lunes, 5 de agosto de 2013

El final




Ese... fue el preciso momento, en que su corazón se paró, 
agarrada a su taza de café, como si ésta fuera la única cosa a la que poder agarrarse.
Sintió como toneladas de peso le oprimían el pecho.
Una punzada traicionera e inevitable trazó una línea recta hasta su espalda, paralizando su brazo izquierdo y con ello la mano, que se abrió de un impulso, dejando caer la taza al suelo.
En cuestión de segundos se fue evaporando su vida, al mismo tiempo que se evaporaban las gotas de café aún hirviendo sobre la mesa del salón.
Ese...fue su final, había pensado tantas veces en ello... en cómo sería... ¿una muerte sigilosa? ¿durmiendo quizás? ¿una muerte trágica y dolorosa? 
La muerte traicionera llegó por la espalda, sin anunciarse, de repente y sin poder escapar de ella.
Ahí, sobre la alfombra por la que tanto le había costado decidirse, yacía su cuerpo, dónde hacía un sólo instante rebosaba la vida.