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jueves, 2 de abril de 2015

Limerencia


Imagen descargada de internet 

Después de una llamada que nunca pensó que llegaría a realizar, todo el concepto que tenía sobre si misma y sus límites, cambiaron de forma radical. Quedaron para verse, ella le esperó en aquella sala, nerviosa y con el corazón bombeando casi hasta la taquicardia. Pensó en tomarse medio trankimacín para calmar la ansiedad que le provocaba, pero no quería matar la excitación, así que optó por no tomarlo. Un toque en el móvil hizo que se sobresaltara aún más, se estaba acercando el momento en el que se encontrarían, después de tanto tiempo. Los minutos eran horas y la impaciencia era cada vez mayor, la gente pasaba por delante de la ventana, una, otra, otra... verles pasar era como esperar que la bola que completase el bingo fuese la esperada y por fin, después de cinco minutos que parecieron meses, apareció tras el cristal el mismo rostro del que tenía recuerdo y que prácticamente hasta ese momento había intentado mantener en su mente pero que poco a poco se había tornado borroso. Él la vio tras el cristal, esbozó una rápida sonrisa y tímidamente miró hacia el suelo para seguir hasta la puerta. Se encontraron y se saludaron con un par de besos, haciendo un esfuerzo por disimular la tensión sexual alimentada durante tanto tiempo. Conectados por un mismo deseo y sabiendo hacía lo que se dirigían, caminaron por los pasillos de aquel lugar casi sin hablar,  pensando en llegar lo antes posible al baño público que se encontraba a unos pasos. Ya en la puerta, mirando hacia ambos lados, rozando suavemente su cintura, la invito a pasar delante, cerrando la puerta tras de si. Sin mediar palabra, como tantas veces había soñado, la agarró con las dos manos por detrás la nuca y comenzó a besarle, suave y apasionadamente contra la pared. Agitados por la situación y el deseo, sus cuerpos comenzaron a temblar casi de forma sincronizada. A horcajadas sobre él, ella abrió su alma para que la penetrase. En la oscuridad de aquel cuarto, ya en calma, mientras se abrazaban como si fuera la última vez, o mejor dicho, sabiendo que esa sería la última vez, y con la respiración entrecortada, se fundieron uno dentro del otro durante minutos para convertirse en un único ser. Todo el tiempo que antes parecía no pasar... ahora se escapaba triste y rápidamente entre sus manos.