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domingo, 3 de febrero de 2013

Paraje de la decepción

A corazón abierto, con las costillas rotas de tanto forzar el aliento en los días de angustia, de miedo. Desnuda, sin haber aprendido a tejer las telas que protegen del frío hielo del arduo paraje de la decepción y después de caminar horas, días, incluso años, me encontré en aquella calle con hedor a muerte, a pobredumbre. La calle más deshabitada de todas las calles. Sólo se escuchaba el crujir de los huesos, un murmullo infernal de pensamientos iban y venían . Me arrastre sobre las baldosas e intentando agarrarme a la esperanza que me quedaba grité, pero el eco del poco hilo de voz y las ratas muertas, eran lo único que allí quedaba. De mis ojos chorros de sangre salían como tinta negra cubriendo las paredes y suelos de ese maldito lugar, las ilusiones se disolvieron como el amargo café disuelve el azúcar, sin poder hacer nada por evitarlo. Cerré los ojos quemados por el dolor de lo vivido, me quede vacía por dentro, a oscuras.